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| NAVIDAD 2005 en Chirimena Escrito por Juan Rada Las navidades tienden a ser una época cuando nos dedicamos a recordar y ser un poco más magnánimos con los que nos rodean. Es la época para celebrar, reflejar y prepararnos para despedir un año que pasa y dar la bienvenida a un nuevo año con planes para que este sea mejor. Para contarles un poco de nosotros. Este año nuestros tres hijos se han graduado de adultos: Anik y Luc están en Canadá, Melanie en la República Checa y los nietos están pasando las navidades en Alemania con sus abuelos maternos. Después de más de un cuarto de siglo de grandes celebraciones navideñas en familia, Lise y yo estamos solos, así que decidimos vivir la experiencia en toda su plenitud, remplazando nuestras grandes fiestas navideñas en familia por una celebración intima en las playas de Chirimena, en Venezuela. Chirimena es el último rincón accesible por vías pavimentadas en la Región de Barlovento. Es un pueblo aseado de unas tres o cuatro calles cuyas casitas pintadas en brillantes colores se encaraman en las faldas de las montañas, formándose así un pequeño valle alargado y atravesado en el medio por un río de corriente suave. Frente a la siempre presente Plaza Bolívar está situada una iglesia blanca con un campanario puntiagudo que parecen haber sido fabricados con laminas de azúcar. El colegio está pintado de un alegre color verde, tiene una cancha deportiva y un cartel reconociendo los meritos del gobierno. Hay un malecón frente a la playa y un estacionamiento para una docena de automóviles, el cual se delimita por tres o cuatro restaurantitos al aire libre y una pared adornada en vivos colores con el dibujo de un pergamino con reglamentos de civismo entre imágenes de personajes y paisajes tropicales. Existen también unos seis o siete negocios que, además de licor, venden víveres y artículos para el hogar; un taller de reparación de lanchas y un sin número de kioscos que ofrecen empanadas, pescado frito y tostones de plátano - todos ellos generalmente deliciosos. No hay cine, teatro ni bar - los habitantes se entretienen principalmente conversando, pescando y festejando sin necesidad de ninguna razón en particular. La navidad la pasan cenando en familia y en la mañana del 25 de Diciembre salen los niños a jugar en las calles con su nueva ropa y juguetes, acompañados de sus padres, orgullosos de habérselos podido regalar. Las playas de Chirimena se miden en kilómetros, sus arenas cambian de color con las mareas; y su mar es tan temperamental y ruidoso como sus habitantes, que expresan sus sentimientos en alta voz y con bailes al ritmo de los tambores. La navidad comenzó la noche del 24 de Diciembre, bajo un cielo claro con brillantes estrellas que parecían haber sido arrojadas como granos de arena por el dios Neptuno de manera de alumbrar los caminos para los que volvían a sus casas a celebrar. A media noche, para asegurar que nuestra experiencia fuera completa, nos sorprendió una legítima lluvia tropical. Por la mañana nos encontramos que el mar estaba invadiendo las playas con furia y lanzando olas en todas las direcciones para espantar a los incautos bañistas o, si se adentraban hacia sus profundidades, apresarlos con su poderosa resaca. En la tarde se calmó su furia y sus aguas tibias invitaron nuevamente a los cangrejos que se asoleaban sobre las rocas, a las gaviotas y los pelícanos que rozaban con su vuelo las olas buscando su almuerzo y a los humanos para cubrirse del agua ante los ataques del sol. Lise y yo estábamos al abrigo de una bella aunque algo descuidada casa que nos prestó nuestra amiga Iris. Desde nuestra habitación, la sala y la terraza podíamos ver un paisaje sorprendente y apaciguador: el mar es inmenso y se maquilla con un profundo azul donde se une con el cielo en el horizonte, pasando por varias tonalidades de verde para tornarse en un azul claro y finalmente convertirse en un violento gris adornado con blancas espumas cuando llega a la orilla. Las montañas dividen una playa de otra, descendiendo con altos riscos y cuevas que parecen excepciones formadas en secreto de noche por los violentos ataques de las olas, y subsistiendo estas en el día como pidiendo perdón. Donde terminan las playas en la parte sur la vegetación, a diferencia de otras playas con poca diversidad vegetal, en Chirimena las playas están delimitadas por una gran variedad de plantas, incluyendo el almendrón, la uva de playa, los cocoteros y tantas otras especies que solo los moradores locales o especialistas en botánica pueden clasificar. Son los deseos de Lise y míos que estas navidades hayan sido felices y el nuevo año les traiga salud, prosperidad y tiempo para disfrutar. |
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| Chirimena |
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| Lise - Mayo 2005 |
| Juan Lise y Stratus en Saint Sauveur - Canada |
| C H I R I M E N A !!! |