| HISTORIA DE DOS CARMEN
Eran las 7 de la noche y Lisa no había llegado a su casa. En la sala su padre y su madre esperan, él fumando un puro mientras lee el periódico y ella en un rincón iluminado tejiendo. Lisa nunca se había comportado así, era la primera vez que se retrasaba y sus padres se estaban empezando a preocupar de verdad. Por fin a las 8 y 15 llegó Lisa. Con una gran sonrisa en la cara les dio las buenas noches, pero al ver el disgusto en sus ojos comprendió que se había pasado de la hora acostumbrada. Desde esa noche empezaron los problemas para ella, ya nada sería igual. Lisa se sentía muy confundida, estaba saliendo con un hombre que le encantaba, amable, educado y buen mozo, pero sus padres no lo aceptaban ni siquiera como amigo. Poco a poco la relación con sus padres empeoraba, ella seguía con Andrés aunque para verse tenían que inventar mil historias puesto que contradecían las órdenes de no verse. Andrés, un día, cansado de esta situación, trató de razonar con los padres de Lisa. Los resultados no fueron los que esperaba. Tres días después Andrés y Lisa se casaron y se fueron a vivir a otra ciudad. Los padres de Lisa no asistieron a la boda, para ellos, una familia de moral y costumbres muy estrictas, era inaceptable que una de las hijas se casara con un hombre veintitantos años mayor y que además era extranjero, por lo que no podían saber nada de su pasado, su familia, su educación o costumbres. Pero Lisa se enamoró y no se equivocó de persona, Andrés era todo un caballero, trabajador, comprensivo, educado, alegre, siempre complacía en todo a su “Lisita”. Ambos trabajaban a diario, ella graduada como educadora en la universidad, consiguió un buen trabajo como profesora de literatura, y él dividía su tiempo entre dar clases en la universidad, entrenar al equipo de fútbol de la región y conducir un programa deportivo en la radio. A pesar de estar tan ocupados siempre conseguían tiempo para compartir juntos y disfrutar de la vida. Lo único que empañaba la felicidad de Lisa era que sus padres seguían disgustados con ella. A los 7 años de casados y luego de muchos intentos fallidos, Lisa quedó embarazada. Iba a ser una niña y posiblemente la solución del conflicto familiar. Lisa pensaba que al saberse abuelos, sus padres no podrían continuar rechazándola. Claro que no fue así. La niña nació con algunos problemas pero salió adelante y la bautizaron Carmen en honor a su abuela. Pero ni siquiera esta feliz noticia ablandó el corazón de los padres de Lisa. Por el contrario, para ellos este nacimiento era la consumación de un pecado, y los problemas del bebé, la confirmación del error. Los años pasaron y el odio de padres e hija se fue suavizando, Lisa ya era aceptada con su esposo “el extranjero”, pero el trato siempre era frío, distante, no había gestos de cariño con la nieta, incluso se esforzaban para que se notara la diferencia del amor profesado a Lisa y a sus demás hermanas. A Lisa esto ya no la afectaba, de todas maneras no iba muy seguido a casa de sus padres, pero a la pequeña Carmen sí le comenzó a afectar esta situación. Ella no lograba entender el por qué de que su abuela no la abrazaba tanto como a sus primas, por qué a ella nunca le daban regalos especiales, para ella la explicación era simple: La abuela Carmen era mala, no la quería. En realidad no estaba muy lejos de la verdad. Cuando ya Carmen tenía la suficiente edad para comprender, sus padres decidieron contarle la historia de su relación con los abuelos. Ahora ella entendía la razón de la diferencia de cariño entre ella y sus primas con la abuela, pero definitivamente no la aceptaba, le parecía una tontería y además una injusticia. Simplemente ahora estaban justificados para ella, los sentimientos de odio que tenía para su abuela. Esta revelación, claro está, lejos de mejorar sus relaciones las empeoró. Cada día que pasaba Carmen odiaba más a sus abuelos, cada reunión familiar que se hacía en casa de la abuela era motivo suficiente para odiarlos más. Ella no soportaba su indiferencia, no podía ver a sus primas y tías felices con su abuela, para ella todos eran falsos y odiosos. Un día Carmen se enteró de que su abuela Carmen estaba gravemente enferma, su madre estaba deshecha y quería estar con ella. Ese mismo día Lisa, Andrés y Carmen, regresaron a la ciudad sus padres para acompañar a la abuela en sus últimos momentos. Cuando Carmen vio a la abuela en cama, enferma y moribunda, se sintió muy mal, la atormentaba la idea de que quizás si se hubiese esforzado más hubiese logrado conquistar su cariño y ahora la podría cuidar. Sin embargo la abuela la vio y le dijo: - ¡Vete!, hija de extranjero, no te quiero a mi lado, ustedes son los culpables de mi desgracia... Fuera. Carmen sólo pudo verla con ojos de lástima. Su madre lloraba desconsolada en un rincón, su padre esperaba preocupado en el pasillo... ella se dio la vuelta y fue a una iglesia a rezar por su alma. Kristin Pardo |
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