AMOR DE ESTE LADO DEL VIDRIO

Noche del otro lado del vidrio, silencios del otro lado del vidrio, pero de este lado
hay miedo, angustia y soledad. Una espera interminable, las horas no pasan, los
minutos se ríen de ella y la oscuridad sigue allí, mortificándola.

Ella quiere compañía, no desea estar sola, necesita ver luz del otro
lado del vidrio y de este lado necesita el sonido de las risas.
Necesita su presencia en este lado del vidrio.

¿Cuánto más debe esperar? ¿Cuántos cigarrillos se ha fumado ya? Es débil
y no puede aguantar esa sensación de vacío y soledad por más tiempo, odia
ver su imagen reflejada en el vidrio, sola. Se dirige a la cocina, calienta un poco
de agua y el vapor empaña el vidrio. Sobre la bolsita de te, vierte el líquido
hirviendo y prende otro cigarrillo.

Prende el televisor. Necesita escuchar ruidos, voces, sonidos que le hagan
olvidar la interminable espera. Son meses de separación y por fin esta noche
volverín a encontrarse. Pero pasan las horas y no llega. Del otro lado del vidrio
sólo hay frío y oscuridad. Ella no quiere asomarse más a la ventana.

De pronto el rumor de un carro que se acerca rompe sus pensamientos y un
estremecimiento recorre su piel. El carro se detiene frente a su puerta, es un taxi
amarillo. Ahora ve la luz del otro lado del vidrio, es él. Corre al baño, se peina
rápidamente elcabello, se retoca el carmín en sus ansiosos labios y rocía un
poco de perfume en su atrevido escote, a él siempre le había gustado ese aroma.
¡El timbrel Con pasos nerviosos y apresurados va hasta la entrada, alisa su vestido y luego
de una profunda inspiración abre la puerta. Se observan largamente, como
tratando de recordarse, de reconocerse, con miedo de hablar, con temor al
contacto. Luego la sonrisa, el abrazo, los besos...

Tarde en la noche o muy temprano en la mañana, todavía la oscuridad, una cama,
dos cuerpos. Las ropas caen una a una, primero las de él y luego las de ella. Poco
a poco los cuerpos se deslizan a un lecho cubierto de sedas blancas. Silencio, deseo,
sólo se escuchan respiraciones aceleradas. Pronto el frío mármol se ve cubierto de
telas; ahora la cama está despejada y es testigo del amor apasionado entre dos
cuerpos.

Ella se relaja y se deja hacer, él la toma con fuerza y suavidad, tierno y agresivo a
la vez, todo es ambiguo, es placer y dolor, calma y desesperación, son dos cuerpos
transformados en uno.

Ahora hay alegría de este lado del vidrio, ellos se amaron como antes, como siempre.
Del otro lado del vidrio la ciudad empieza a despertar, el sol se asoma tímidamente y
logra ver de este lado del vidrio a dos personas que abrazadas celebran la dicha del
amor reencontrado.

Kristin Pardo