PIANO PARDO

Me trajeron perfectamente embalado en una inmensa caja
de madera, tuvieron que meterme por la entrada de los carros,
porque la entrada principal se quedaba pequeña ante mi
tamaño.  Ya en el medio de la sala, recuerdo la curiosidad
que tenían todos por verme, por tocarme... por escucharme.

El proceso no era nada fácil, no era sólo sacarme de la gran
caja, luego había que armar ciertas partes, limpiarme, afinarme,
colocarme el deshumidificador, y qué sé yo qué otras cosas.

Al cabo de unas dos horas, por fin estaba listo.  Todos se
voltearon a ver a una niña esperando que  avanzara y me
tocara.  Un piano de cola, un cuarto de cola para ser más
exactos.  Me veía tan hermoso en el medio de la sala,
con mi tapa levantada, ese olor a música, el olor de la
madera de las teclas y el olor de las cuerdas que
esperaban por ser percutidas.

Lentamente la niña  fue avanzando, pasó sus dedos
tímidamente por mis teclas, se sentó en el taburete y luego
de respirar hondamente se atrevió a tocarme.   Qué
sensación de felicidad sentí, el sonido era tan profundo y
fuerte, pero a la vez tan delicado y sublime.  Poco a poco
las notas que nacían de mi comenzaron a llenar toda la casa,
los ojos se le llenaron de lágrimas, ya no podía ver, sólo
escuchar y sentir esas notas que yo mismo estaba produciendo.

Me bautizaron como Piano Pardo, no sólo por mi color, sino
también porque el apellido de esa niña era Pardo.  Uno a uno
todos me fueron tocando. Día a día mi sonido llenaba la casa
y traía felicidad.  Esa siempre fue mi función, brindar un
sonido puro y profundo que alegrara a quien me tocara... y
así lo he hecho durante más de 10 años.  Cada domingo
despierto a todos con mis notas que recorren los cuartos.
Cada vez que hay visita en la casa, yo soy el anfitrión que
endulza sus corazones con  mi canto y mis susurros.

Me he convertido en un sonido especial que significa paz,
felicidad, magia.  Soy Piano Pardo, y pasará de generación
en generación regalando mi voz  a los oídos prestos.  Ahora
tengo mi tapa cerrada, pero con toda seguridad el próximo
domingo volveré a llenar la casa de música.

Kristin Pardo