LA LAMPARA DE UN CRETINO
I.S.B.N. 84-607-0756-3
AUTOR: Leopoldo de Trazegnies Granda.
Colección "El ábaco roto". Sevilla, 2000.


Perros 1

Yo soy Dios para mis perros. No hace falta que salga al jardín para saber lo que están
haciendo, los observo desde cualquiera de las ventanas, desde el balcón o la terraza,
desde mi paraíso de sofás, envuelto en toda la gama de olores de cocina, y ellos
sienten
mi mirada en sus traseros. Si tienen la conciencia tranquila me mueven el rabo; o bajan
los ojos y me rehuyen si han roto una maceta o se han comido una gallina.

Como soy su Ser Supremo (no tienen otro cielo ni infierno que el que yo les muestro),
si me dirijo a ellos con la mano levantada, se humillan ante mi; si los llamo y les doy una
palmada, revolotean alegres a mi alrededor.

Así han vivido mis animales muchos años, bajo mi permanente ojo escrutador. Ahora la
más vieja, ha llegado al final de sus días, ni se levanta ni quiere comer, y no puedo
salvarla de la muerte: me mira implorante pensando que soy Inmortal.
Nunca pudo resistirme la mirada, hoy soy yo el que no aguanta la suya.
Me siento un Dios torpe y culpable ante sus ojos.
COMENTARIO RECIBIDO.

Ser Dios.... no lo había pensado, 31 años viviendo con perros y no lo había pensado.

Quizás un perro callejero sabría que hay mucho más que nosotros en el mundo, que en realidad casi casi nos
hacen un favor estando con nosotros. A cambio de su compañía fiel, su protección y la alegría que nos
brindan, sólo nos piden un plato de comida y un cariñito de vez en cuando.  ¿Quién cuida a quién?

El perro de la casa, ése que sólo conoce la perrarina de calidad que le dan sus dueños, que tiene una
mantita de colores, que cada año estrena collar y sólo pasea amarrado a una correa, para él su dueño
efectivamente debe ser Dios.... qué responsabilidad!

Me gustaron mucho tus historias.

Kristin Pardo - Caracas, Venezuela.  29Sep05