| TUVO QUE DEJARLA IR
Probablemente no era el mejor momento para ponerse a escribir. El se había dado cuenta de que habían en él dos momentos bastante claros y diferenciados: A veces sentía la necesidad de escribir y a veces sentía que podía escribir, que las palabras iban a fluir fácilmente, pero nunca esos momentos coincidían, cuando sentía la necesidad de escribir, también sentía que no podría hacerlo bien. Sin embargo aquel diecisiete de Noviembre, aquel era el 686 día y no habrían más. Había terminado una época La mejor época jamás vivida por él. Y surgieron preguntas encontradas, confusas, dramáticas... Por qué la época pasó, por qué tuvo que ser así, de quién dependió ese final, qué hubiese tenido que hacer para evitarlo, quizá no permitir que comience. ¿Quizá nunca permitir que termine? Y entonces él se puso a pensar en cosas, estúpidas algunas, trascendentales otras. Siempre al principio tendientes a la inminente depresión. Dios no existe. El Hombre si existe. El Hombre necesita cosas y las toma. Si no debe, las usurpa. A veces no puede tomarlas, porque no existen... su indomable necesidad lo obliga a crearlas, y las crea. El Hombre necesita de un Dios. El Hombre lo crea. Alqunos hombres necesitan de un milagro.... El Hombre los crea, los inventa y luego cree en ellos. Luego de esos 686 días, él, este hombre quiso retroceder, desesperadamente volver atrás, volver a vivir, una, dos, mil veces cada uno de esos ahora inolvidables 686 días... desesperadamente descubrió que ya no era más posible, ninguno de ellos volvía, ya habían pasado todos.... ninguno de ellos volvería nunca más. Necesitó con todas sus fuerzas volver atrás y al ver crudamente que no podría nunca, sintió la necesidad de crear algo que lo ayude... cuántos antes habrán sentido eso mismo. Quién antes que él ideó la reencarnación... la segunda oportunidad. ¿Seria esta una solución? La vida no existe. No como un todo. Solamente existen días estancos... no, tampoco. Existen sólo horas, independientes unas de otras… no, tampoco. Sólo minutos… no, sólo instantes que pasan, pasan, pasan. Da ganas de llorar, de gritar, de detenerlos, de agarrarlos, de inmovilizarlos... y te quise en un momento un momento que es muy largo para ajustarlo a mil líneas, un momento que es tan corto que no da tiempo a vivir lo que quisiera. La vida no existe, son solamente instantes que se suceden unos a los otros... Y si la vida no existe, ¿Qué habría que revivir? ¿A dónde habría que retroceder? Por eso, precisamente por eso, no es posible retroceder... porque no hay donde retroceder... Estamos viviendo El Presente, solamente El Presente. Pero el instante es tan inconmensurablemente pequeño, que en realidad no existe... Por eso no vivimos, no podemos vivir algo que no existe... Estamos viviendo El Pasado, únicamente el inmediato pasado... entonces... ¿Dónde está la angustia? ¿Mañana podré lamentar haber hecho o no haber hecho algo hoy?. Si Hoy es el Ayer de Mañana. Hoy estoy viviendo El Pasado. No tendré ningún derecho de lamentarme mañana de lo que hago o de lo que no hago ahora. No tendré derecho a querer volver atrás. Ahora estoy atrás. Debo vivir ahora, solamente ahora. No hay regreso posible. Estoy atrás. Ya estoy atrás. No estoy ni en hoy ni en mañana. Estoy en Ayer.... i NO HAY LAMENTO POSIBLE / Adolfo Pardo Caracas—Venezuela Mayo 1985 |